El Dulce Vaivén del Encanto

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Texto y fotografía con encanto y sortilegio: DAVID MELÉNDEZ

Detrás de todo encanto, yace incólume cierto sortilegio que cautiva la psique y todos los sentidos.

Efterklang llegó por vez primera a Guadalajara y cautivó a tutiplen a cada asistente —de corazón y entraña— que asistió al C3 Stage. Nadie opuso resistencia.

Nadie.

Vaya, hubiera sido todo un crimen inolvidable no darle a este trío danés (potenciado a cinco integrantes en vivo) la total atención y entrega de nuestros sentidos, máxime cuando postrados sobre un escenario, son el ejemplo máximo de lo que es un embrujo sonoro.

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Y aquí, antes de adentrarse a lo que Casper Clausen y compañía pueden cautivar en directo, cabría hacer la pequeña acotación de que hace tiempo, bastante tiempo, en el C3 Stage no se vivía un concierto tan pulcro, exquisito y que parecía una especie de ensalmo, donde todos los presentes estaban embelezados ante Efterklang. No hubo celulares por los aires, ni cuchicheos molestos, ni aplausos fuera de foco. Músico y público estaban en un mismo trance, uno brindando la magia de la música viva y latente, y el otro recibiendo el goce y el disfrute de un momento único. Sí, un intercambio sutil pero capital, donde incluso hubo segundos de silencio, de silencio envolvente, donde ni una cerveza se destapó para tronar de súbito semejante postal para la memoria.

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Entonces, ahora sí, busquemos el fondo sonoro de la noche. Sobre el mantel, Efterklang llegó a la Perla Tapatía con nuevo álbum, Altid Sammen (2019), el quinto de su carrera y tras un parón de varios años. Además, su líder y vocalista Casper Clausen, ahora canta en danés y aquellos arreglos orquestales tan típicos de sus inicios, yacen acomodados en el clóset en detrimento de un uso más minimalista de sintetizadores, percusiones y alguna que otra cuerda para embellecer lo justo sobre su nuevo horizonte. Por ende, su directo fue no un viaje astral sino un divertimento espiritual, con un tonel de introspección avasallador. A destacar el increíble parecido de Casper con el actor Michael Fassbender y que salió ataviado con un holgado saco que parecía sacado de una pintura de Piet Mondrain, así como esa entrega capital de sus compañeros Mads Brauer y Rasmus Stulberg para dar lo mejor de su arte y virtuosismo sobre el escenario.

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El fuego artificial de la velada tuvo su punto de partida en la nueva placa de Efterklang. De ahí en adelante, los pequeños detalles fueron dándole forma al concierto: Casper traduciendo los títulos de sus más recientes canciones al inglés (como «Supertanker» que dijo que era una especie de barco inmenso o en «Vi er uendelig», donde expresó que hablaba sobre la eternidad), agradeciendo de todo corazón a las personas que hicieron posible que ellos como banda viajarán desde muy lejos a Guadalajara (Sol y César), poniendo a cantar a capella al público alguno de estos nuevos coros entre guturales y onomatopéyicos, y usando de vez en cuando sus manos para formar un corazón en señal de agradecimiento por tan atento y cálido público.

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Tras finiquitar parte de su placa Altid Sammen y una pequeña pausa, Casper y sus compinches sonoros regresaron al escenario para, según sus palabras, «interpretar canciones más entendibles«, pues llegaría su viejo catálogo en inglés y una actitud un poco más festiva para terminar con viento en popa su directo en C3 Stage. Así llegaron y se fueron «The ghost» (cuyo ritmo Casper chasqueó con sus dedos para invitar al público a hacer lo mismo), la delicada y tenebrosa «Sedna», así como la excelsa «Black summer». También hubo tiempo para invitar a dos integrantes de algún mariachi (trompeta y vihuela) a que subieran al escenario y que el público hiciera que Efterklang regresara dos veces para tocar más y más, hasta que Casper puso el fin con el tema «Alike».

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No hay nada más que agradecer a Producciones Producciones por traer a Efterklang a Guadalajara, y dar uno de los conciertos más entrañables e inolvidables de 2019. Sin exageraciones ni excesos, es la pura verdad.

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