*Los chilenos «salieron del bunker» y regresaron a Guadalajara para abarrotar el Teatro Diana dos noches seguidas

La espera terminó y Ven aquí, la gira que trae al conjunto penquista de vuelta a los escenarios, se hizo presente en tierras tapatías, dejando una huella imborrable en dos conciertos que quedarán para la historia.
Dieron las 21:14 hrs. y, tal cual una obra de teatro, se abrió el telón para recibir a los chilenos, dando apertura con el tema “Solsbury Hill”, del británico Peter Gabriel, proyectando la letra en español en la enorme pantalla trasera, mientras que Francisco y Mauricio Durán, ambos en la guitarra y en los teclados, Álvaro y Gonzalo López, en la voz, guitarras y bajo, respectivamente, y Mauricio Basualto en la batería, se apoderaban de un recinto por demás abarrotado, ante un público que los esperaba con ansias tras nueve años de ausencia.
No pudo haber mejor elección para iniciar que “Miéntele” y “Te vistes y te vas”, ambas del Vida de perros, quizá el álbum que los internacionalizó y el que los definió en su estilo que mezcla el rock clásico con el folclore latinoamericano. “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín”, de su ópera prima; “Quién fuera” del trovador cubano Silvió Rodríguez y “Una nube cuelga sobre mí”, en donde Álvaro López hizo gala de su gracia dancística, volvieron la lista más random, para llegar a una de las sorpresas de la noche, el estreno de “Bajo los árboles”, quizá el anuncio de una nueva producción discográfica.

“No necesito pensar” y “Ángel para un final”, bajaron un poco lo estridente que se había manejado desde el opening, sin dejar pasar el protagonismo en la voz del aglomerado, desatando una euforia como río desbordado. El ritmo tupido de las “Deudas” y el poderío guitarrístico en “Nada es igual”, los mostró más rockeros que nunca, y como si los años no hubieran pasado, manteniendo el sonido Bunker intacto.
“Ahora que no estás” tiene una presencia singular, bajando su potencia a una especie de blues intermedio, y siendo una de las canciones más entregadas de la noche, contrastando con “La velocidad de la luz”, en la que Mauricio Durán dejó la guitarra por los teclados, y se caracterizó por el enorme coro de los presentes, cerrando la primera parte del setlist.
El típico “¡Oé, oé, oé, oé, Bunkers, Bunkers!”, no se hizo esperar, lo que no sabían era que el recital continuaba, pero ahora bajo un nuevo formato, “La pequeña serenata diurna”, también de Rodríguez, “La exiliada del sur” de Violeta Parra y Patricio Manns y la melancólica “Si estás pensando mal de mí”, lucieron en su versión acústica, formando una tríada nunca antes vista.

Álvaro anunció algo de su primer disco y ejecutó “Fantasías animadas de ayer y hoy”, regresando la distorsión al show, pero sellando su vínculo con los tapatíos al interpretar “Y volveré”, la canción de origen francés que hicieran famosa sus compatriotas, Los Ángeles Negros, en su versión castellana.
“Nada nuevo bajo el sol”, “Canción para mañana” y “No me hables de sufrir” tienen aires de melancolía y, por derecho de antigüedad, tenían que ser infaltables en el repertorio, que llegó a su clímax cuando tres bolas de discoteca se aparecieran para que “Bailando solo” pusiera al máximo el baile, encabezado por las cinco figuras predominantes en el escenario, la cual se alargó e hizo una dupla de perfección con el himno bunkeriano “Ven aquí”, antes del aclamado encore.
La ovación generalizada pidiendo el regreso de la banda no duró mucho, pues los penquistas volvieron a la tarima con el segundo estreno, a más de diez años de no publicar ni un sola canción, “Rey” ya era coreada como si fuera un tema viejo y domado por el público, el cual no satisfecho fue complacido con “El necio”, “Llueve sobre la ciudad” y “Miño”. Pero tal parece que ni los chilenos querían abortar la misión, regalando “La era está pariendo un corazón”, siendo el closing ideal, dejando la puerta abierta para una segunda noche.
Texto: Eduardo Roel Fotos: Luis Gómez Sandi «Lags»














