*Con un lleno total y más de 30 canciones, Panteón Rococó celebró su trigésimo aniversario en una velada donde la nostalgia y el baile se fundieron en un sólo grito

Treinta años se dicen fácil, pero es una hazaña enorme alcanzarlos, especialmente perteneciendo a un género musical que habitualmente se mantiene en el underground. Pocas agrupaciones de ska logran consolidarse y permanecer en el gusto del público; Panteón Rococó lo consiguió y lo celebró con un festejo fuera de serie.
Con un Auditorio Telmex a su máxima capacidad, el combo salió a escena a las 21:20 h al ritmo acelerado de “Punk-O”, seguida de “Asesinos”, “La ciudad de la esperanza”, “Estrella roja” y “Dime”. El escenario lucía impecable, enmarcado por una enorme pantalla circular que iluminaba la velada.
La alineación —Luis (voz), Leonel y Gorri (guitarras), Darío (bajo), Felipe (teclado), Francisco (trombón), Missael (saxofón), Marco (percusiones) y Torruco (batería)—, reforzada por una sección de metales (dos trompetas y un sax barítono) y un percusionista extra, funcionó como una orquesta con un sonido impecable.
Luis, mejor conocido como Dr. Shenka, se dirigió a la audiencia: “Son 30 años, ¿por dónde comenzar? Hola, buenas noches, ¿cómo están? Sean bienvenidos. Es un gozo enorme, un gusto haber crecido todos juntos”, dijo mientras recordaba su primera visita a Guadalajara y los diversos escenarios que han pisado, agradeciendo siempre el «aguante«. El repertorio continuó con “Triste realidad”, “Cha cha love” y “El último ska”.
Temas como “Caminemos juntos”, “Hostilidades” y “Acábame de matar” , que inició con el coro característico de Julio Preciado, se entrelazaron con “Mil horas”, “Cumbia del olvido” y “Cariñito”, manteniendo al público de pie y en constante movimiento.
Retomando sus raíces, siguieron “Viernes de webeo” y las clásicas “Cúrame”, “Borracho” y su himno por excelencia, “La dosis perfecta”, un triplete de su emblemático disco A la izquierda de la tierra que fue coreado al unísono, como en los viejos tiempos.
Tras la energía de “Rojo”, Dr. Shenka pidió a los asistentes sentarse para interpretar “1993”, una pieza que reflexiona sobre las desapariciones en el país. El bloque cerró con “Quiero seguir bailando” antes del esperado encore.

Los originarios de la Gustavo A. Madero no tardaron en regresar. El festejo debía superar las 30 canciones —una por año— y así fue. El «Rococó» regaló “Esta noche”, “Paria”, “La rubia y el demonio” (iluminada por miles de linternas de celulares), “Fugaz”, “Toloache pa’ mi negra”, la despechada “Vendedora de caricias” y “Cuando tengas”. El broche de oro, irremplazable en cualquier celebración, llegó con “La carencia” y “Arréglame el alma”.
Al final de la noche en el Telmex, quedó claro que el Rococó no es sólo una agrupación de ska, es el cronista musical de una CDMX vibrante y el motor de una celebración colectiva que, tres décadas después, se siente más necesaria que nunca.
Texto: Eduardo Roel Fotos: Diego Rodríguez










