*Asistir a un concierto de Steve Hackett no es simplemente acudir a un recital; es ser testigo de una arquitectura sonora donde el tiempo se mide bajo sus propias reglas

La noche del sábado 14 de marzo, el Teatro Diana fue el escenario de una experiencia que desafió la brevedad del mundo moderno. En una era de gratificación instantánea, Hackett rescató del recuerdo la majestuosidad del rock progresivo , donde las piezas no se escuchan, se habitan. La complejidad de sus composiciones, que transitan entre pasajes acústicos de una delicadeza pastoral y explosiones de sintetizadores, exige un espectador dispuesto a dejarse llevar por narraciones épicas de largo aliento.
La velada cobró una dimensión especial gracias a la presencia de Genetics, la banda argentina reconocida mundialmente por su precisión y respeto absoluto a la obra de Genesis, que se convirtió en el complemento perfecto para las visiones de Hackett. No se sintió como una banda de acompañamiento, sino como una unidad orgánica. La química entre el legendario guitarrista y el ensamble permitió que clásicos como «The Musical Box» o la mística «Shadow of the Hierophant» recuperaran su brillo original, ejecutados con una fidelidad técnica que dejó a los melómanos más exigentes sin palabras.
Tras una primera parte enfocada en su carrera solista, con la potencia de «Spectral Mornings» y «A Tower Struck Down», el show se transformó en un viaje al corazón de los años 70. La ejecución de «Firth of Fifth», con ese sólo de guitarra que es prácticamente una definición del género, preparó el terreno para el momento cumbre: «Supper’s Ready».

Hablar de esta pieza es hablar del Santo Grial del progresivo. Con más de 20 minutos de duración, esta suite navegó por múltiples atmósferas y cambios de ritmo con una fluidez impecable dentro del recinto. Fue aquí donde la extensión de las canciones se convirtió en virtud; Genetics y Hackett lograron que el tiempo se detuviera, permitiendo que la audiencia se sumergiera en una experiencia inmersiva que se siente necesaria en estos tiempos.
El cierre con la fuerza de «Dance on a Volcano», «Los Endos» y un encore nostálgico con «The Lamb / Fly on a Windshield», dejó claro que el rock progresivo es una forma de resistencia cultural. Es la celebración de la paciencia, del detalle y de la maestría instrumental. Steve Hackett y Genetics construyeron una catedral de sonido, recordando que las mejores historias son aquellas que se toman el tiempo necesario para ser contadas.
Texto: Alicia Graciela Fotos: Salvador Tabares






