*Rubio revisó heridas, las vistió de ritmo y las devolvió al público como ofrenda electrónica en un ejercicio de ida y vuelta la noche del sábado 9 de mayo en Cuerda Cultura

Cuerda Cultura se convirtió en punto de encuentro para quienes esperaban con entusiasmo la llegada de Rubio, proyecto de la cantautora chilena Fran Straube.
Desde antes de la apertura, la fila de fans reflejaba la expectativa por vivir un concierto que, más allá de la música, ofrecía un diálogo con la memoria y las emociones. No era una multitud desbordada, sino una acumulación silenciosa de personas que medían con los ojos la distancia al escenario y al árbol que crece justo en medio de venue. Algunos nunca habían pisado el sitio, otros ya conocían el lugar; al igual con la cantante, desde la primera vez hasta los que volverían a ver a Rubio después de años. La expectativa no se medía en gritos, sino en la forma en que los brazos se cruzaban o los pies cambiaban de peso.

La presentación inició con Denisse Castellanos, mejor conocida como Den, quien ofreció un set de alrededor de treinta minutos. Con temas como «Pájaros», «Engaño» y «Amor infinito», además de un cover de «Difícil lo sencillo» de la cantante principal. La artista local se encontró con el público, invitándolo a participar en los coros y compartiendo la historia de cómo Rubio había sido inspiración en su propio camino musical que comenzó en 2020 cuando dejó su trabajo de oficina, donde escuchaba a la chilena, para dedicarse de lleno a su sueño como cantante, revelndo que desde 2024 había buscado lograr un espacio como invitada para abrir algún show de la chilena. La gente quedó emocionada con lo que la tapatía mostró en el escenario, demostrando que es una gran propuesta a seguir

Cerca de las 22:00 horas, Rubio apareció en escena con aquella sonrisa que la acompañó toda la noche. El lugar, íntimo y acogedor, se transformó en santuario para que los sonidos electrónicos, los matices andinos y las texturas del avant-pop se entrelazaran con la voz temblorosa y evocadora de Straube. El repertorio incluyó piezas de su nuevo álbum EPV1OJ (Espero Podamos Ver un Ovni Juntxs), un trabajo en el que se alejó de la nostalgia convencional para proponer un diálogo con el pasado.
Un desfile de grandes temas como “Me asusta tanto la soledad”, “Kintsugi”, “Lo que no hablas”, “Yugen”, “Después de ahogarme”, “Voy creciendo”, “Difícil lo sencillo”, “Lo que no se ve”, “Nuestra canción”, “Silencio”, “Buena suerte muchacha”, “Compañera”, “Ir / Hacia el fondo” fue invandiendo el recinto conectándose con un solo de techno en “La especie”, “Cosmo”, “Montaña rusa” y “Seres invisibles”. En ese tramo de alrededor una hora, el tiempo dejó de ser lineal. No se sintió corto ni largo, sino denso, gomoso, como estar dentro de una burbuja que alguien sopló desde el escenario. El misticismo se enfatizó con el uso de incienso, panderos, maracas y texturas vocales que emulaban sonidos de la naturaleza

No hubo lugar para lo fúnebre ni para la retrospectiva nostálgica. Hubo ritmo, con esa mezcla alquímica que la cantautora chilena ha construido . La duración de poco más de una hora se percibió como un tiempo suspendido, donde la intensidad y la conexión hicieron que cada minuto se viviera plenamente. Al finalizar, quienes adquirieron la opción de meet & greet pudieron compartir un instante más con la artista, cerrando la noche con alegría.
Rubio presentó un show que no se limita a lo sonoro, sino que se expande hacia lo emocional y lo simbólico, invitando a mirar hacia dentro y hacia el cielo al mismo tiempo, como sugiere el concepto de su más reciente álbum, invitar a otros a observar lo trascendental en conjunto.
Galería Den
Galería Rubio
Texto y fotos: Roy Arce


































