Silverio: La Pirotecnia del Exceso

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Texto: DAVID MELÉNDEZ

Fotografía: ROBERTO MORA.

Todo lo guarro que existe en el universo, exuda de Silverio.

Él, ni más ni menos, es el culmen de cualquier guarrada. Incluso lo inmundo y gorrino traspira de su piel y beatifica a quien se deja envolver por sus roñosos y telúricos directos. Y justo ayer, en que el Ciclo 4 de Circuito Indio se estrenó en Guadalajara (esta vez en el C3 Stage), Su Majestad Imperial e hijo pródigo de Guerrero despachó una de sus mejores presentaciones que le hemos visto, que superó con creces la acaecida en La Kermes hace unas semanas.

Y es que el personaje de Silverio provoca y de mala manera. Incita a la violencia rítmica y sabe desquiciar las buenas costumbres con esa bolsa de trucos escatológicos que es de antología. Lo suyo es subir al escenario y volverse el Ungido máximo de la desfachatez y el exceso. ¿Que salta como poseso? Claro, sin lugar a dudas. ¿Que sus pasos de baile son una oda a la exuberancia motriz? Cierto total. ¿Que su cuerpo desnudo es un imán para las pupilas? Aseveración absoluta. Estaría de más escribir el set list de su noche, porque todo queda concatenado para ofrecer estamina electrosa constante y baile absoluto. Por ahí explotaron “Perro”, “Salón de belleza” y “Tu casa”, pero lo que realmente importa es la entrega inmensa de un Silverio que parece no tener cansancio. Aunque tuvo algunos desperfectos técnicos con su equipo (las secuencias y efectos no respondían a sus manotazos), en esos momentos se constató que puede quedarse sobre el escenario sin música y abrir la llave de su pirotecnia vocal para que todos sigan comulgando en la fiesta sin chistar ni proferir insultos. Pero es lo curioso: Silverio insulta y bien, mas los presentes quieren estar a su lado, brincando como si no hubiera mañana ni buenas costumbres. Y lo mejor, que cuando queda vestido solamente con sus trusas coloradas, el creador de “Circunstración” se vuelve un superhéroe de las masas. Por eso resultó memorable cuando invitó a más de diez personas a subir al escenario y desquiciarse con singular alegría. Lo de vaciar parte de una cerveza a su bota —para luego beberla y escupir parte a las primeras filas—, ya es astucia patentada. En cuestión de nuevas exageraciones para asquear al público, lo de pasarse celular que robaba por su vil ano, es algo que ya sobrepasa a cualquier Marqués de Sade moderno. Lo surrealista del asunto es que el dueño de dicho móvil, no lo recibe con repugnancia, sino que hasta lo besa y lame. ¿Gafes del oficio? No, compenetración misma del exceso.

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Al final y a pesar de los más de 90 minutos de música efectiva, no había hombre o mujer que no deseara más. Además, las anécdotas empezaron a correr como creciente después del vendaval y varios presentes comentaron la empatía que Silverio muestra por todo aquel que lo acompaña fielmente en sus excesos, porque cuando sucedió un conato de bronca entre un chico que bailaba y coreaba todo lo que entraba por sus oídos y fue sacado por personal de seguridad del C3 Stage, Silverio gritó por el micrófono que si no regresaba el “corrido” se acababa el show. Acto seguido al ver que sus exigencias no fueron cumplidas, bajo del escenario y fue hasta la entrada del recinto y regresó triunfante con el expulsado que se colocó de nuevo hasta adelante para proseguir el bacanal.

Así es Silverio: un aborigen con entraña pura.

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