Hincaos Frente al Rey Carmesí

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Texto: DAVID MELÉNDEZ

Fotografía: YORCH GÓMEZ y cortesía de Teatro Diana

Cualquier éxtasis puede hacer erupción peor que un volcán.

Con King Crimson en el Teatro Diana, el estado de emoción en todos los presentes llegó justamente a niveles eruptivos. Y cómo no hacerlo si la banda británica de rock progresivo por excelencia es una de las favoritas del público tapatío. Por ahí, alguien se preguntaba la razón por la cual en Guadalajara el género progresivo era tan socorrido y amado. Quizá la respuesta no sea del todo absoluta ni alguien tenga la correcta, pero King Crimson es un clásico en el corazón de Jalisco. Y se notó en cada centímetro cuadrado del recinto, con cientos de asistentes poniendo oído atento a cada nota y ritmo sin moverse de sus lugares, tan sólo saliendo de su trance cada término de canción para rendirle pleitesía en forma de estruendoso aplauso a Su Majestad, el Rey Carmesí.

La velada sonora sin celulares y redes sociales comenzó en punto de las 20:30 horas (porque la banda anunció primero con sendos carteles sobre el escenario que estaba prohibido usar los celulares y luego vía el audio del Diana, una voz femenina comentó en español e inglés, que el concierto era una especie de “cita romántica” donde los sentidos debían estar totalmente atentos a lo que pasara sobre el escenario), con el corte cataléptico y guerreril “Hell hounds of Krim”, donde los tres bateristas fueron concatenando ritmo y sincronía. Sí, leyeron bien: tres baterías presentes, con Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Jeremy Stacey, siendo señores absolutos de los ritmos.

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Enseguida, el viaje sensorial dio inicio, con la magia en seis cuerdas de Robert Fripp, el gran Tony Levin al bajo y al suculento stick, las vocales adecuadas y ciertas partes de guitarra sutiles de Jakko Jakszky y Mel Collins ensimismado en sus saxofones y flautas transversales. Fueron tres horas de éxtasis y asombro, al igual que de análisis y gracia. Análisis en el sentido de que en cualquier momento se podía observar a alguno de los siete músicos y descubrir su virtuosismo, al igual que su total compenetración en cada canción.

De la delicada “Islands”, al sonoro desparpajo de “Red” y pasando por las envolventes “Starless” y “Moonchild”, King Crimson brindó 19 canciones divididas en dos partes con intermedio, más el encore riguroso que fue “The court of Crimson King”.

Siete torrenciales músicos dieron una noche ya vuelta histórica (bueno, dos noches) y que quedará guardada en miles de corazones.

 

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