Temblar Entre Fractales y Sicodelia Paladina

0

A-3292300-1549792689-7701.jpeg

Texto para solidificar feminismos en vitrina con sustratos de ira y queja, con melamina de ardor y madera contrachapada para repeler lágrimas de odio: DAVID MELÉNDEZ

A Paraceslo (1493-1541) le gustaba yacer inmerso en la decadencia de la condición humana. Mas mucho antes que el galo André Malraux se proyectara al cosmos con su retórica pulida y exacerbada acerca de las variables ideologías que convergían en el punto exacto del exceso para ser y actuar como seres humanos, este místico medieval se la pasaba borracho para elucubrar cómo mantener el equilibrio químico en el cuerpo, costara lo que costara. Vaya, la salud era un patrón geométrico que variaba dependiendo de la enfermedad. Y dicho patrón, como bien cuenta la legendaria historia tapatía de las tortelinas Laura Zaracho y Ana Parraverde, se pierde al llegar al centenar de errores y cortos circuitos sobre el córtex cerebral, ya que donde hay anhelo por proponer, también existe una falta de criterio atroz al todo abigarrar sin ton ni son y presentarlo con presentadores de pobre alcurnia. Ergo, juntar no es unir sino juguetear al galimatías en clave femenina.

Pero justamente existen conocedores del verdadero “patrón geométrico” y la justa alquimia sonora como lo es Kikagaku Moyo, banda japonesa de senderismo sicodélico que construye alcázar a la menor provocación y sus canciones son gollería donde surgen horizontes exóticos que enarbolan historias de intriga recalcitrante. Con cuatro discos en estudio (siendo el más reciente Masana Temples en 2018) y un par de sutiles EP’s, su música se construye al paso, con cada trajín de acorde y se esparce en síncopa sencilla y caminar pausado. Por eso, sus composiciones son fractales que cambian al capricho pero regresan a ciertos puntos de partida para crear una imagen sonora prístina y que se identifica fácilmente por el oído. Sí, quizá esté por ahí la disonancia idílica o el eco sicodélico perentorio y que da la pauta para esgrimir que Kikagaku Moyo es asaz complicad. Pero no. Los nipones son concretos y su música se palpa sin retruécanos ni morriña y aunque en ocasiones pareciera que al escucha lo llevan al recoleto, lo cierto es que cada tema puede considerarse unigénito, con lo cual se vuelven entrañables como agrupación a las pocas escuchas.

Para terminar, esta visita a Guadalajara es capital. Asistan a escucharles en vivo. No se arrepentirán. Sus directos son una especie de jam sin fin, con el summun estampado en la vitrina. Ahí donde Kikagaku Moyo se presenta, existe un trance bombástico, con cotas hipnóticas de prosapia milenaria.

La cita para escuchar a Kikagaku Moyo sin Paracelso, Zaracho, Parraverde y Malraux es el 23 de octubre en el C3 Stage. Los boletos tiene un costo de $400 pesos preventa (en Fase 1), $520 pesos (en Fase 2) y $600 pesos el día del evento. Su venta ocurre en taquillas del C3 Stage y TicketNow.

Comparte