Sonidos Emergentes 2019: Orden y Goce Total

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Texto para curar heridas óseas: DAVID MELÉNDEZ

Fotografía: SALVADOR TABARES

Cuando un festival discurre como la mejor de las maquinarias, cosas negativas no existen por decir.

Sonidos Emergentes 2019 fue un ejemplo de orden casi impoluto, público del más diverso y variopinto entregado a cada una de las bandas que se presentaron tanto en el foro principal del C3 Stage, como en el que corresponde al C3 RoofTop, el cual fue llamado Tragos De Rock Stage. Pero lo que mantuvo la estamina y la adrenalina corriendo fue la puntualidad de salida de cada banda. Terminaba una en la parte de abajo y arriba arrancaba la siguiente dentro del horario establecido. Además, lo que más llamó la atención fue el cambiante ritmo de sonidos y propuestas, que fueron del folk al synthpop, y del swing al rock millenial, con lo cual muchos asistentes salieron con la firme convicción de agregar a su playlist diaria, varias agrupaciones de esta edición de Sonidos Emergentes que fue intachable. Y, dicho sea de paso, ese mérito nadie puede arrebatárselo a sus organizadores.

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Pues, bien, ¿qué elucubraciones sonoras estuvieron presentes. Todo arrancó con punch de garra total con Oliver Guerza (que tuvo como invitada a Ana Verá), para después adentrarse a la introspección total con Agris, que entre suaves modulaciones de la guitarra acústica metió a todos los presentes del RoofTop en una especie de trance emocional. Su proyecto como solista va solidificándose en en esta ocasión la escuchamos segura y con la fuerza necesaria para llevar a sus escuchas a donde ella quiera. No le quiten el oído de encima y grábense su nombre: A-G-R-I-S.

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Enseguida, el trío Trying To Be Famous soltó oleajes de post rock, a veces frenético, otras más encubierto en sombríos parajes rítmicos, pero siempre con esa tensión a punto de erupción. Muchos presentes que no conocían este proyecto (y mucho menos que eran de Guadalajara), empezaron a preguntar su nombre y para el final de su set, ya tenían una media centena de nuevos fanáticos hurgando en sus redes sociales. Siguió otra banda que también ya cosecha adeptos, Venado Meraki, que ofrecen un folk pastoril con retazos celtas, donde entran instrumentos como el banjo y el violín no como meros adornos preciosistas sino como instrumentos solistas en toda la extensión de la palabra. Como invitada, tuvieron a Niza Buenrostro y el público siguió cada una de sus canciones como si fueran hostias para consagrar.

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Lo que siguió fue el primer momento donde el público soltó el cuerpo y surgió el baile. Y es que la propuesta de Feral, con una contundente sección de metales y un ritmo endiablado de swing que a veces se deforma en ska, dixieland o jazz estrambótico, no pasa desapercibida para nadie. Muchos, al momento de verlos tocar, se preguntaban de dónde diablos habían salido, pero por ahí su vocalista les “facilitó” las cosas al comentarles de viva voz que ellos vienen de las cenizas de Casino Slut Bar. Luego sucedió uno de los momentos mágicos de la noche, gracias al empuje sonoro de los españoles Varry Brava: muchos presentes en la primera fila del escenario, estaban vueltos locos, bailando como trompos de apizaco y coreando cada uno de sus temas. Iniciaron con su corte “No te conozco” y para aquellos que a estas alturas todavía no tengan norte o sur de lo que va su propuesta, digamos que es un synthpop disco funk, desfachatado, muy al estilo de sus colegas de La Suite Bizarre. Con ellos empezó el slam y la alegría de muchos presentes de conocer algo encantador que les emocionó las entrañas. Así que esta primera visita a México que duró alrededor de una semana, seguramente les traerá excelentes dividendos.

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Y aquí, cabe destacar la actuación de Costa de Ámbar, que se yergue como uno de los próximos fenómenos masivos en materia de rock campechano, con aristas reposadas. Ellos solitos casi llenaron todo el C3 Stage y su público (proveniente mayoritariamente de universidad privadas locales) coreó cada una de sus canciones. Justo después, llegó la banda sorpresa de la noche, que no fue otra que Los Garigoles, que llegaron para despachar canciones efímeras de punk rock y con ellos se armó el slam de lo lindo. Slam de chicos y chicas que abrieron plaza y derrocharon altas cotas de algarabía.

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Y donde la historia acaba es con los daneses de Thieves Like Us, que dividieron opiniones entre todos los presentes, pues muchos los tildaron de fríos sobre el escenario (sobre todo por su corista, Chloe, y su vocalista Andy, que cantan de forma impávida y etérea, como si estuvieran contemplando espectros salidos del más allá) y que sólo subieron al escenario a despachar sus canciones. Pero lo cierto es que en apariencia “ese” es su estilo, frío pero hipnótico. Mareas de synthpop no para bailar sino para meterse de lleno al fluido de las emociones a flor de piel. Despacharon casi 20 canciones y dejaron para el final esos hits por los que son conocidos en todo el mundo, como “Shyness”, “Bleed bleed bleed” y “Miss you”.

Poco a poco, Sonidos Emergentes va creciendo y moldeando su forma para quedar perfecta y de rigurosa entraña. Esperemos que sigan así para el 2020 y, seguramente, el siguiente cartel será otra montaña rusa de música de los más diversos géneros.

 

 

 

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