*Despojadas de la distorsión habitual, las composiciones de La Barranca encontraron un cauce distinto en el C4 Concert House. Clásicos reinventados, temas poco habituales en vivo y un público que no quería partir

El sábado 17 de octubre marcaba un cruce complejo en la agenda de la ciudad. Mientras las pantallas locales concentraban la atención en el partido de las Chivas y a pocos kilómetros, Caifanes reunía a miles en otro recinto, así como las tradicionales Fiestas de Octubre, entre otras actividades, el C4 Concert House comenzó a recibir asistentes desde las 19:00 horas para ofrecer una noche especial. Lejos de mermar la respuesta, el foro registró una entrada nutrida de seguidores que llegaron a tiempo para el inicio del espectáculo, fijado a partir de las 21:00 horas.
El flujo de entrada se desarrolló con orden, incluyendo el acceso facilitado por el personal del recinto para personas en silla de ruedas, quienes ocuparon ubicaciones preferentes acorde a sus boletos. En los pasillos, la mesa de mercancía oficial exhibió desde los formatos habituales en vinilo y CD, hasta botellas de edición especial y el programa oficial de mano que detalla la estructura técnica del formato acústico de la gira.
El escenario fue sobrio. Cada músico tenía a su lado una lámpara pequeña y, al fondo, la pantalla en rojo con el nombre de la banda y la imagen de un fruto verde, parecido a un tomate, que se abre. Es la misma ilustración de la gira y de la portada de uno de sus sencillos recientes.

A las horas indicada comenzó todo, arrancando con «Tempestad». Siguieron «Llueve», «El desafío» y «El gran pez», cada tema presentaba arreglos que dejaron más espacio a las guitarras y a las voces. Con «Escarabajo» y «El alma nunca deja de sentir» el público ya cantaba completo. «Malecón», «La tercera joya desde el sol» y «Máscara de relámpago» mantuvieron ese pulso, y «San Miguel» y «Nada tiene paz»llegaron sin que nadie sacara el celular más de lo necesario.
José Manuel Aguilera se vio contento. Presentó a los músicos, hizo comentarios sobre la instrumentación especial. Al presentar «Diosa», Aguilera compartió el contexto de su escritura, orientada a la figura femenina y a la creación bajo una perspectiva distinta, así como la madurez personal que requirió interpretar en vivo piezas que permanecieron guardadas durante años.
La interpretación llegó después de «Estallido interno» y «Fascinación», y el público escuchó en silencio las primeras líneas. El repaso continuó con «Manos», «Día negro», «La expedición» y «Astronomía». «Septiembre», una de las dos canciones que la banda publicó antes de la gira; pieza que no entró en su último álbum y que decidieron lanzar. «Sueño de orquídea» cerró esa primera parte con una despedida.
Regresaron para «Hasta el fin del mundo», «Intacta» y «Quémate lento». Al terminar se despidieron mientras en la pantalla del fondo se mostraban los créditos del show, encendieron las luces de la sala. Casi nadie se movió. La gente seguía de pie, aplaudiendo y pidiendo otra, con una insistencia tal que la banda volvió al escenario para tocar dos canciones más: «Cuervos» y «La rosa».
Quienes estuvieron ahí saben que no fue una noche menor. Fue un ejercicio de reencuentro con un cancionero que, en versión acústica, demostró que sigue teniendo raíces profundas. La verdadera potencia de su repertorio reside en la madurez de su poesía y en la arquitectura impecable de sus composiciones.

Texto, fotos y video: Roy Arce