*Aunque la cartelera de eventos ofrecía diversidad de opciones para todos los gusto, Mikel Erentxun llegó al Teatro Diana con la misión de celebrar los 40 años de Duncan Dhu frente a un público dispuesto a disfrutar con pasión
La noche del miércoles 13 de marzo, el Teatro Diana se convirtió en el punto de encuentro generacional para la celebración de los 40 años de Duncan Dhu, agrupación que marcó una época dentro del rock en español. Mikel Erentxun estuvo acompañado por el gran talento de Rubén Caballero en la guitarra, Mikel Azpiroz en los teclados, Fernando Neira al bajo e Igor Telletxea en la batería, sus cómplices en esta fiesta, quienes ofrecieron un concierto que, aunque no logró llenar el recinto debido a la competencia de otros espectáculos y un partido de futbol local (que terminó en goleada), sí consiguió reunir a un público fiel y entusiasta.
Algunos adolescentes acompañaban a sus padres; entre el público, las canas y las entradas asomaban sin disimulo, igual que la actitud de quienes aún se saben las letras completas. El concierto inició pocos minutos después de lo pactado; la oscuridad casi total del venue, donde sólo se podían ver unas tenues luces azules sobre el tablado fue interrumpida por las notas de Bob Dylan en «Girl from the north country» que sonaban de fondo a todo volumen en el lugar. Antes de que la pista terminará, los músicos tomaron sus posiciones para irrumpir estrepitosamente con los primeros acordes de la noche.
Durante casi dos horas, la velada se centró en la música, no había pantallas gigantes ni decorados, sólo luces, instrumentos y cinco tipos encima del escenario. La gente, en su mayoría, prefirió ver sin intermediarios. Algunos grabaron fragmentos, pero la tendencia fue guardar el teléfono, cantar y disfrutar de este encuentro sonoro con el pasado.
Sonaron temas como «Capricornio», «A tientas», «Una calle de París», «Salitre y sudor», «California», «A tu lado», «Cartas de amor», «El ritmo de la calle», «La casa azul», «Esta luz nunca se apagará» y «A un minuto de ti». También hubo espacio para un festejo, ya que fue el cumpleaños de Rubén Caballero, por lo que Erentxun pidió a la gente cantarle «Las mañanitas» y Azpiroz les acompañó en el teclado; finalmente, el festejado dio unas palabras de agradecimiento. Entre bromas, el vocalista comentó que aunque todos les encantaba la comida mexicana, Caballero es quien más la disfruta, sobre todo el picante como las tortas ahogadas, aunque aclaró que el verdadero experto en aguantar «lo enchilado» era el bajista Fernando.

El desfile de éxitos siguió con «Esos ojos negros», «Palabras sin nombre» hasta llegar a ese ya conocido momento en que la banda se despide de la gente y se va, ovacionada por los presentes que no cesaron de corear el nombre del cantante buscando apresurar su regreso. Poco después, volvieron para entregar algunos clásicos más, como «Jugando con el tiempo» o «Cien gaviotas». El clímax ocurrió durante la última canción, «En algún lugar», el tema emblema de la banda que terminó por desbordar la emoción y en una parte del tema, el micrófono quedó solo en su base apuntando hacia la gente; los músicos redujeron el volumen y permitieron que las voces del público llenaran el vacío. Tras un breve silencio, los acordes de la guitarra retomaron el tema en un estallido de emoción colectiva solamente coreando el famoso «Na na-na na na«, al a vez que Erentxun bajó del escenario para recorrer los pasillos, estrechar manos y permitir fotografías mientras caminaba hasta el fondo del teatro y de regreso.
Tras la despedida definitiva, varios asistentes se acercaron al escenario para pasar discos y playeras al staff, la mayoría logró que los artículos llegaran a manos de los músicos para ser firmados.

Afuera, ya entrada la noche, un grupo pequeño de seguidores esperó en la puerta de acceso. Erentxun salió unos minutos después, atendió a cada uno, firmó lo que le pusieron enfrente y respondió comentarios sueltos. La ciudad seguía con sus otras actividades o descanso nocturno, pero en esa acera, la conversación aún giraba en torno a las canciones.
Fue un concierto que, sin necesidad de artificios, reafirmó la vigencia de canciones que siguen siendo parte de la memoria colectiva.
Texto y Fotos: Roy Arce











