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    Home » El dolor se volvió fiesta en la cantina porteña

    El dolor se volvió fiesta en la cantina porteña

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    By Roy Arce on 15 septiembre, 2026 conciertos, Eventos en Guadalajara, Música
    *Llámenlo nostalgia o ganas de cantar con el corazón herido: Macha y el Bloque Depresivo llenó el C3 Stage en una velada donde el dolor y la fiesta compartieron la misma copa, convocando a distintas generaciones para transformar el desamor en un canto colectivo

     La noche del viernes 11 de septiembre, el C3 Stage no fue un recinto de conciertos, sino una verdadera cantina, un bar de puerto imaginario donde la melancolía se sirve en vasos anchos y las penas se cantan a gritos. Macha y el Bloque Depresivo, esa anomalía hermosa de la música chilena que Aldo “Macha” Asenjo construyó desde 2010, aterrizó en Guadalajara con su gira Veranito 2026, esa que ofrece “conciertos con brisa fresca para un verano caliente”  y entregó un espectáculo que fue, ante todo, un acto de comunión generacional, donde se pudo apreciar personas de todas las edades, desde niños hasta adultos mayores que se unieron para disfrutar de  Bronceado de Cantina, el más reciente álbum de la agrupación, publicado a finales de enero de 2026. 

    Macha y su Bloque siempre han operado como una embarcación que rescata canciones naufragadas del cancionero popular latinoamericano. Y en Guadalajara, el rescate fue generoso.

    La banda se sostiene sobre una premisa sencilla pero devastadora: tomar boleros, valses peruanos, baladas setenteras y hasta reggaetón, y pasarlos por el filtro de la bohemia porteña chilena.

    Zepoleth

    La primera en subir al escenario fue Zepoleth, cantautora independiente de Guadalajara. Apareció sola, armada únicamente con su guitarra y un micrófono cuyo pedestal estaba adornado con rosas. Llevaba una flor a modo de solapa y su nombre brillaba en la pantalla del fondo. Durante poco más de media hora, Zepoleth compartió su repertorio de folk, country, cumbia norteña y pop regional con una transparencia que ella misma reconoció: habló de amor, desamor y amor tóxico, se confesó como “la pareja tóxica” y guió al público en las estrofas de sus canciones para que todos la acompañaran. Contó historias detrás de cada tema, conversó con los asistentes como si estuviera en una reunión de amigos y dejó claro que su propuesta nace de la constancia, del rechazo, del síndrome del impostor y de la lucha diaria por hacerse un espacio en una escena saturada. La gente escuchó con atención, participó y correspondió a su alegría sobre el escenario.

    Macha y el Bloque depresivo

    Alrededor de las 21:00 horas, la oscuridad se cerró sobre el venue y aparecieron los estelares. Desde el primer acorde, Macha y el Bloque depresivo tomaron el control de la noche sobre el escenario.

    El repertorio fue un recorrido por esas canciones que han quedado grabadas en la memoria colectiva latinoamericana. Temas como “Turista”, “La nave del olvido”, “El gran tirano”, “Verdad amarga”, “Lo que un día fue no será”, “Que me quemen tus ojos”, “Regresa”, “Continentales”, “Amiga”, “No hay novedad”, “Las simples cosas”, “Solo tú”, “Pequeña serenata diurna”, “Aunque no sea conmigo”, “Qué es lo que pasa”, “El triste”, “Perros y gatos”, “Procuro olvidarte”, “Échame a mí la culpa”, “Trátame suavemente”, “La carretera”, “Vergüenza ajena” y “Me vas a extrañar”, entre otras.

    El público cantó a todo pulmón. Había parejas abrazadas meciéndose al ritmo de los valses o bailando abiertamente, grupos de amigos con copas en mano. Porque los temas hablan de amores perdidos, desvelos, encuentros y despedidas, pero la música tiene un pulso alegre que invita a bailar. La tristeza es el punto de partida, sí, pero el destino siempre termina siendo una fiesta compartida.

    El Bloque Depresivo toca como quien entiende que el dolor compartido puede transformarse en algo más parecido a la celebración que a la ruina.

    Minutos después de terminar el show, cuando ya varias personas se habían ido, el «Macha» salió a la calle acompañado de otra persona, rumbo a otro lugar y algo de comida en la mano. La gente que estaba afuera lo reconoció y se acercó. No hubo empujones ni prisas, el vocalista se detuvo, charló, se tomó fotos y recibió el cariño de quienes acababan de verlo sobre el escenario. Fue un cierre coherente con lo que había sido la noche entera, una banda que no debería existir según el mercado, la radio y las tendencias, pero que sigue llenando llevando gente a los recintos, donde incluso acaban de agotar dos fechas en el Estadio Nacional de Chile; haciendo que la gente cante, baile y llore como si esas canciones les pertenecieran. Y en cierto modo, les pertenecen.

    Galería Zepoleth

    Zepoleth
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    Galería Macha y el Bloque depresivo

    Macha y el Bloque depresivo
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    Macha y el Bloque depresivo
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    Macha y el Bloque depresivo
    Macha y el Bloque depresivo
    Macha y el Bloque depresivo
    Macha y el Bloque depresivo

    Texto y fotos: Roy Arce

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