*Entre la vanguardia digital y el mito: Gustavo Cerati «regresa» a los escenarios en una noche de contrastes

La primera fecha de la esperada gira Ecos de Soda Stereo generó un intenso debate. Tras su llegada a tierras tapatías, la agrupación argentina despertó un cúmulo de emociones en lo que representa el renacer de la banda más influyente del rock en español.
Luego de una accidentada presentación en la CDMX —marcada por un retraso de dos horas y duras críticas en plataformas digitales—, la cita en Guadalajara transcurrió bajo una normalidad absoluta. La consigna para los asistentes fue clara: omitir el uso de dispositivos móviles para priorizar una experiencia inmersiva. El espectáculo prometía una narrativa única, potenciada por el uso de gafas 3D que los espectadores debían portar siguiendo las indicaciones de las pantallas.
El primer gran impacto visual ocurrió cuando la figura de Gustavo Cerati, recreada mediante tecnología holográfica, cruzó el escenario a las 21:15 h. Simultáneamente, sus históricos compañeros, Charly Alberti y Zeta Bosio, tomaron sus posiciones para dar inicio a una velada que aspiraba a la leyenda.
La introducción de «Ecos» bastó para desatar la adrenalina, marcando para muchos un reencuentro nostálgico y, para las nuevas generaciones, un primer contacto con la mística de la banda. De inmediato, los acordes de «Juegos de seducción» pusieron de pie a una audiencia que no volvió a sentarse.

Tras la interpretación de «Nada personal», el recinto estalló en el icónico cántico «Oé, oé, oé, Soda, Soda«. Piezas fundamentales como «Hombre al agua» y «Ella usó mi cabeza como un revólver» confirmaron que el repertorio estaba diseñado para satisfacer las expectativas del público más exigente. Uno de los momentos cumbres llegó con «Cuando pase el temblor», aunque este segmento se limitó a una proyección visual sin ejecución instrumental en directo.
Para los seguidores de culto, la inclusión de lados B como «Luna roja» y «Toma la ruta», fue un acierto notable. Sin embargo, el punto álgido de la noche lo protagonizó «La ciudad de la furia», donde la imagen de Cerati, de espaldas al público, recreó una estampa sobrecogedora.
La energía se mantuvo en lo alto con «Sobredosis de TV» y «Persiana americana», antes de un breve respiro con la versión de «Un misil en mi placard». El recurso del 3D regresó con «Zoom», transportando a la audiencia al planetario donde se filmó el videoclip original en 1995; no obstante, quedó en el aire un ligero descontento entre quienes esperaban que los temas proyectados fueran interpretados totalmente en vivo.
Hacia el cierre, «Planeador» y «Final caja negra» fungieron como sorpresas adicionales. Con «Primavera 0» se anunció el desenlace, pero fue «Prófugos» el tema que se consolidó como el himno más coreado del concierto.
El cierre definitivo llegó con el clásico «¡Tengo una buena canción para cantar!», enmarcado en un collage fotográfico de los inicios de la banda. Charly y Zeta se aproximaron al borde del escenario para conectar con su «fiel legión», que más que corear, gritó cada estrofa con fervor. Alberti concluyó la noche con un breve agradecimiento a Guadalajara, sellando un espectáculo que, si bien destacó por su despliegue tecnológico, dejó una sensación de distanciamiento debido a la escasa interacción de los músicos entre sí y con su audiencia.

Texto: Eduardo Roel Fotos: OCESA
















