*Raphael en el Auditorio Telmex: La vigencia intacta de una leyenda viva

Cuando se habla de un artista cuya carrera roza los 70 años de trayectoria —cifra que se traduce también en millones de discos vendidos en siete idiomas—, las palabras sobran. Su presencia en la cultura hispanohablante no requiere presentación; se ha ganado cada aplauso con creces. Así lo confirmó en su reciente paso por la Perla Tapatía.
Bajo el marco de su gira Raphaelísimo, el español se impuso ante un Auditorio Telmex que registró un lleno total. El astro linarense cautivó a varias generaciones que se dieron cita para deleitarse con los hitos más representativos de su cancionero.
Al filo de las 21:10 h, su decena de músicos introdujo una velada que prometía ser excelsa. La ovación estalló en cuanto Miguel Rafael Martos Sánchez —Raphael para su devoto público— apareció en escena entonando las primeras líneas de “La noche”. Ataviado con un impecable conjunto negro y una chaqueta brillante, misma que reposó sobre el piano de cola para interpretar “Yo sigo siendo aquel”, el cantante reafirmó su vigencia al exclamar: “Sigo siendo aquel, el Raphael, siempre”. Aquello desató el fervor de una audiencia que, si bien era mayoritariamente de la tercera edad, se entregó con la energía de la juventud.
El unísono se apoderó del recinto con “Cierro mis ojos”, “Digan lo que digan” (interpretada con maestría desde una silla) y “Mi gran noche”. Estos clásicos, los más veteranos del repertorio, hicieron partícipe a un público que no escatimó en pulmones para acompañar cada estrofa. En contraste, “Amo” y “Si no estuvieras tú” envolvieron el auditorio en una atmósfera íntima, hilada finamente por el piano y el violín.
Una voz inmarcesible

El recorrido continuó con “Tema de amor”, “Los hombres lloran también” y “Somos”. Posteriormente, el artista ofreció una serie de versiones magistrales: temas como “Padam, Padam”, “La vie en rose”, “Hymne à l’amour”, de Edith Piaf, y “Malena” dieron fe de su versatilidad interpretativa. La energía mutó con el vibrante riff de “Day Tripper” de The Beatles, que se entrelazó orgánicamente con “Estuve enamorado”.
Tras “Amor mío”, el fervor alcanzó un punto álgido con “El Niño”, provocando que el Telmex coreara rítmicamente su nombre al unísono. Acto seguido, llegó “Cuando tú no estás”, esa sentida oda a Laura que conmovió a los presentes.
En un momento de cercanía, Raphael tomó la palabra: “Qué alegría estar nuevamente en Guadalajara, un año más; de aquellas canciones primeras, de las que extraño, como esta…”. Así, acompañado únicamente por una guitarra de tintes rancheros en “Que nadie sepa mi sufrir”, dio paso a una versión acústica de “La Llorona”. Los músicos, dispuestos en media luna y bajo una iluminación con los colores de la bandera mexicana, crearon uno de los momentos más simbólicos de la noche.
El clímax dramático llegó con “Estar enamorado es”, “Ámame” y una desgarradora ejecución de “En carne viva”, donde se le vio con los ojos vidriosos, al borde del llanto. Tras recibir una ovación de pie con “Qué sabe nadie”, las pantallas proyectaron imágenes de su vasta trayectoria mientras interpretaba “Yo soy aquel”, el himno imprescindible de su legado.
Finalmente, “Escándalo” —con su icónico baile— y “Como yo te amo” encendieron los ánimos al cierre. Ante la insistencia de un público que se negaba a dejarlo partir, Raphael regresó al escenario en tres ocasiones para poner el broche de oro con “A mi manera”, sellando así una entrega absoluta y magistral.
Texto: Eduardo Roel Fotos: Diego Rodríguez







